nicolás gomez echeverri

dos obras sin título

(2011) Fragmento de una conversación con Juan Fernando Herrán.
Publicado en el libro En materia, Beca de Investigación Monográfica del Ministerio de Cultura, 2011.

 

La acción requiere un cuerpo: el artista y sus sentidos. La acción requiere técnica, y en arte se pone en juego a través de medios afianzados históricamente. Estas dimensiones técnicas implican métodos, resultados y problemas que le son particulares a cada una (aunque frecuentemente se traslapan y confunden). La acción requiere material, un tiempo y un lugar. La materia se usa para hacerla actuar, desafiarla a través de un medio. La acción se toma un tiempo, y también se da en un tiempo. Nos localizamos entonces en la última década del siglo XX y los primeros años del XXI, en Colombia. En estas condiciones, Juan Fernando Herrán ha observado, oído, coleccionado, caminado, leído y ha conversado. En definitiva, se ha encontrado en lugares diversos, con sus formas de manifestarse, con dinámicas de intercambio. La acción transformadora es posible en tanto estamos al tanto.

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NGE — Me gustan dos obras en especial: la fotografía sin título de 1992 donde se ven sus pies sobre una plasta de estiércol y el video sin título de 1993 en el cual lleva pasto a su boca y moldea una bola. Son piezas que evidencian la posibilidad de aprehensión del mundo a través de la activación sensorial. Es su propio cuerpo asumiendo unas posturas y acciones no convencionales en la cotidianidad para relacionarse con la naturaleza. En la fotografía afirma sus pies sobre excremento de una vaca, producto de la digestión del pasto, material que es percibido con repulsión. Aunque en la fotografía sólo son visibles las pantorrillas y los pies, se asume su posicionamiento corporal sobre la plasta como en un estandarte, para sentir su calor y su densidad, para moldearlo con su propio peso. Por otra parte, en el video apela a una actividad animal, en una sola toma sin edición, llevando pasto a su boca, masticándolo con insistencia, exprimiendo los jugos que luego escupe, moldeando con dientes, paladar y lengua una bola que luego expulsa y coloca sobre su mano a manera de ofrenda. Propone una forma de recepción y asimilación de la naturaleza a través de su boca, luego escupe la saliva que se mezcla con clorofila y excreta la bola, revirtiendo el acto y volviéndolo escatológico. Ambos trabajos asumen maneras de aprehender la naturaleza, hacerla propia a través de los sentidos, incorporarla —hacerla cuerpo—. Volver al paisaje como una construcción subjetiva, desafiando el carácter eminentemente visual del género tradicional, y confrontando su identidad histórica como objeto de contemplación.

JFH — A finales de los años ochenta e inicios de los noventa, me interesaban varios temas dentro de los cuales se hallaban la transformación de la materia, los procesos biológicos y sus implicaciones psíquicas, una reflexión en torno a la ubicación del ser humano en relación a la naturaleza y las similitudes entre el hombre y el animal, y un interés por el cuerpo como eje de la experiencia. A nivel artístico, una inquietud por el concepto ampliado de la escultura y sus procesos escultóricos.

La fotografía fue tomada cuando supe que los niños campesinos de las tierras altas, cuando salen en la madrugada a ordeñar las vacas, meten sus pies en la boñiga fresca para recibir su calor. Me pareció una relación muy íntima entre el cuerpo y la naturaleza, condicionada a la necesidad de reconfortarse. La fotografía rescata ese acto.

El video lo realicé durante la Maestría en Londres. En Inglaterra, el paisaje tiene unas connotaciones muy diferentes a lo que había experimentado durante mi vida en Colombia. En ese país, la naturaleza ha sido domesticada históricamente. Creo que la distancia con lo rural, con lo básico y su carácter agreste, me motivó a sondear otras maneras de relacionarme con el concepto de paisaje. No es coincidencial que el video inicie con una toma estática de un paisaje, que entre otras no es un paisaje inglés, es una imagen fija de una fotografía de la laguna de Pedro Pablo en Cundinamarca. Para mí era importante que en ese paisaje se pudieran observar tres zonas bien diferenciadas. En primer plano, un potrero, una superficie domesticada; en segundo plano, una f ranja de agua y al fondo un bosque primario.

Volviendo a la manera como se desarrolló la obra, debo mencionar que la idea empezó a materializarse un día en un parque londinense al ver a un perro comer césped. Recordé que estos animales se purgan ingiriendo pasto y casi instantáneamente hice la prueba. Evidentemente el sabor era muy amargo pero esa experiencia —que sobrepasaba un límite implícito en el comportamiento del hombre— me pareció suficientemente intensa y vital como para proseguir por ese camino. La realización del video tomó un buen tiempo debido a que sentía la necesidad de que los ritmos y tiempos del proceso de masticación se vieran reflejados, manteniendo una cierta tensión y expectativa. Recuerdo que en un momento dado consideré utilizar sonido y para ello utilicé un extracto de un disco de canto tibetano (para ese entonces un amigo alemán me comentó que los monjes tibetanos cantan en un registro muy bajo para someter sus cuerdas vocales a un proceso donde vomitar es parte del adiestramiento). La obra terminó siendo silenciosa ya que ese acompañamiento musical le daba otras connotaciones al trabajo.