nicolás gómez echeverri

simón dice (2009)

Sala de Proyectos, Universidad de los Andes, Bogotá

Obras de Gustavo Niño.

El juego Simón dice requiere la participación de varios integrantes. Uno de ellos hace de Simón quien, la mayoría de las veces, juega el mismo rol durante todo el juego, y éste, la mayoría de las veces, se auto-proclama como Simón en su condición de mayor de edad. Quien juega como Simón, dice: “Simón dice: levanten la mano derecha (o cualquier otra acción)” y los demás jugadores deben levantar su mano derecha (o realizar cualquier otra acción solicitada). El juego prosigue con rutinas de igual, menor o mayor nivel de dificultad. El instructor dice: “Simón dice: doblen su pierna izquierda (o cualquier otra acción)” y los jugadores doblan su pierna izquierda (o realizan cualquier otra acción solicitada). Cuando a la orden dada le antecede la cláusula “Simón dice”, los jugadores deben obedecer la instrucción; en caso que Simón no utilice estas dos palabras, es decir, diga algo como “levanten la mano derecha”, “doblen su pierna izquierda” o cualquier otra acción, pierde quien obedezca la orden y sale del juego. Lo que se pone en juego es la capacidad de distinguir entre las peticiones válidas e inválidas, más que demostrar la capacidad física de hacerlo —dice Wikipedia. Al final queda el más atento y el más obediente a las ordenanzas del tal Simón.

Estas pinturas son pinturas. También son ensamblajes de maderas, objetos y desechos arrojados a  la calle, guardados en los cajones de alguien que murió, o en algún rincón de un improvisado taller. Estas pinturas son hechas por partes, y cada parte es elegida para ocupar un lugar. Así pues, resultan estas pinturas, que son pinturas, y también construcciones que pretenden obedecer a enunciados pronunciados por diversos entes del campo del arte, dueños de tan elocuente retórica verbal.

Estas pinturas son pinturas, cuidadosamente compuestas por partes cuidadosamente escogidas. Un pintor de comienzos de siglo XX explicaba:

La palabra “arte”, etimológicamente hablando, significa hacer, simplemente hacer. Pero, ¿qué es hacer? Hacer algo es escoger un tubo de azul, un tubo de rojo, poner algo de ellos en la paleta, siempre escogiendo la calidad del azul, la calidad del rojo siempre escogiendo el lugar de la tela donde ponerlos. Siempre hay que escoger. Para poder escoger, usted puede usar tubos de óleo, pinceles, pero usted también puede usar una cosa ya hecha [ready-made], hecha mecánicamente o por la mano de otra persona. Si usted quiere, una cosa apropiada, ya que es usted el que escoge. Escoger [choice] es lo principal, aún en pintura normal.

(De Duve, Thierry, El readymade y el tubo de óleo. Párrafo citado de: Marcel Duchamp, entrevistado por George Chambonnier, entrevistas radiales RTF, 1961.)

Las pinturas que hace Gustavo Niño son pinturas porque ahí pueden verse una sarta de selecciones. Son pinturas porque se cuelgan sobre la pared, porque tienen colores atractivos que unas veces combinan y otras veces no, porque están hechas de esmalte y brillan —haciéndose desear—, porque están manchadas, porque los menjurjes cromáticos nos hacen agua la boca entre más se parezcan a la cobertura de un ponqué, porque conforman una exposición que organiza una departamento de arte, porque Nicolás Gómez cita palabras de Marcel Duchamp para referirse a ellas.

Entre las partes de estas pinturas, se leen frases inscritas que, para quienes hemos escuchado los comentarios críticos de ciertos profesores, resultan memorables: “es muy poético”, “deberías llevarlo más lejos”, “deberías ir más allá de hacer eso”, “es muy anecdótica”, “ahí pasan cosas”, “es que menos es más”. Estos son enunciados que, una vez escuchados, se pierden en algún limbo entre oído y oído donde flotan las cosas sin sentido. En las pinturas que hace Gustavo Niño vienen a dar estas frases: como títulos, como ornamentación de pos-producción, como inspiración, como marcos conceptuales. Así, estas pinturas resultan siendo superficies donde estas palabras pretenciosas que a veces parecieran no decir nada se convierten en algo, en pinturas.

Los trabajos expuestos están planteados como ejercicios formales que derivan del inicial mecanismo de escoger —sean colores, maderas, telas, puntillas, pinceles o frases— . Sobre la marcha, se trata de pintar maderas, unir piezas, cambiar de estrategias a la mitad del camino, cometer errores (que ayudan a abrir nuevas posibilidades), hasta lograr una forma satisfactoria que contenga en sí misma posibles aciertos y desaciertos. Entran a hacer parte del deseo de intentar qué pasaría si, del mismo modo como lo hacen los pintores:

Tengo una gran colección de clavos viejos y oxidados de rieles de ferrocarril utilizados sobre la mesa como pesas encima de las hojas de papel. Son clavos muy grandes, y acabo de clavar uno sobre un pedazo de madera. Pensé cómo se vería si [how would it look if]. Ese es un “si” [“if”] muy poderoso. 

(Guston, Philip, fragmentos de “Philip Guston Talking” (conferencia en la Universidad de Minnesota, marzo de 1978), en: McKee, Renne (ed.), Philip Guston (London: Whitechapel Gallery, 1982), 49-56.)

Los trabajos expuestos también están planteados como una tentativa por ofrecer un lugar donde los enunciados inscritos cobren sentido. En cierta medida, las pinturas obedecen a las frases que los maestros, los artistas y los críticos repiten, las sugerencias que proponen, las cualidades que señalan, y es en la forma como estas palabras son obedecidas donde se evidencia su mismo carácter dilatado y ambiguo. Estos discursos son asimilados en un taller personal externo al espacio universitario. En esta exposición retornan a la academia —hechos arte muy formalista, muy conceptual—, materializados en piezas híbridas que conservan la ambigüedad propia de este lugar.

Los trabajos parten de un doble juego simultáneo: el del Simón que da instrucciones a los materiales, y el del Simón que está detrás de este Simón, comentándole, hablándole al oído, convenciendo o desencantando, adulando o defraudando, avivando o lapidando egos.


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